Querido lector,
Hay ocasiones en las que organizar un gran evento requiere meses de preparación, reglamentos de veinte páginas y una logística digna de una operación militar. Y luego estamos nosotros.
En esta ocasión, la legendaria reunión slotera de Muchamiel se redujo a su expresión más pura y elemental. Una mini cumbre formada exclusivamente por tres irreductibles aficionados: Carlos Madrigal, Vicente Soler, conocido en ciertos círculos como «Dedoman», y un servidor, Juan Pablo.
Lejos de los grandes despliegues de carriles, cronometrajes sofisticados o complejas categorías técnicas, decidimos abrazar la esencia más básica del hobby. El objetivo era sencillo: montar algo, enchufar la corriente, asegurar que los carriles «tenían chicha», y divertirnos.

Y así fue. Con estos dos coches en paralelo, se validó que la pista funcionaba perfectamente.
En menos de una hora tuvimos el circuito listo. Cuatro tablones, unos cuantos tramos de pista rescatados de aquí y de allá, y una buena dosis de improvisación fueron suficientes para dar forma a un trazado tan sencillo como traicionero. Como suele ocurrir en estos casos, aquello que nació sin demasiadas pretensiones acabó ofreciendo más diversión de la prevista.

Las normas fueron las habituales en las competiciones de alto nivel organizadas por Dedoman: pocas, cambiantes y sujetas a interpretación según avanzaba la jornada.
El parque móvil fue tan variado como espontánea resultó la reunión. Coches rápidos, coches lentos, coches que parecían rápidos hasta la primera curva y sidecars que parecían lentos hasta que empezaban a adelantar a todo lo que encontraban a su paso. Una auténtica democracia sobre raíles.
Carlos aportó su habitual buen hacer tanto dentro como fuera de la pista, mientras Vicente ejercía de director deportivo, validando la seguridad del circuito, a la vez que ejercía de comisario. Entre los tres fuimos acumulando vueltas y más vueltas, disfrutando precisamente de aquello que muchas veces se pierde entre tanta preparación: el placer simple de correr.
Porque al final, esta edición demostró una vez más que el slot no necesita grandes infraestructuras para funcionar. A veces basta con tres amigos, cuatro tablones, unos mandos y ganas de pasar una buena tarde.
Quizá no fueran las 500 Millas de Muchamiel….
Pero sí fueron unas cuantas millas de diversión auténtica.
Y eso, en el fondo, es de lo que siempre ha tratado esta afición.
Nota técnica de la organización: el récord absoluto de montaje del circuito queda establecido oficialmente en «menos de una hora», aunque algunos testigos sostienen que al menos cuarenta minutos se invirtieron en decidir dónde colocar la siguiente curva…


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